01 abril 2007
11 marzo 2007
La gente es tonta
¡Pues vaya descubrimiento! Es lo que tiene Internet, que uno puede seguir conversaciones en foros y en blogs y pasmarse ante las opiniones de la peña. Quien dijo eso de que “todas las opiniones son respetables” (algo muy “Ibarretxesco”) mentía como un bellaco. Y es que la opinión del desinformado, sea del signo que sea y trátese del asunto que se trate, no vale una mierda pinchada en un palo. Se supone que para eso tenemos la educación obligatoria. Uno adquiere conocimientos básicos, pero también curiosidad y herramientas para obtener por sí mismo la información que necesita para fundamentar sus propias opiniones. O así debería ser, que a estas alturas ya me he bajado del tiovivo de color de rosa. Me rindo a la evidencia.
La gente, por lo general, es estúpida, y antes que leer un libro o un periódico para tomar posición en un determinado debate, prefiere que se lo den todo mascado y tragar con lo que le echen, sean rosas o estiércol. Alguien me espetará, aludido: “Oye, tú, ¿Para qué sirven los expertos?”. Vaya, pues tiene razón. Cuando a uno le faltan datos o aptitudes para recopilarlos, es sensato acudir al experto. Un buen ejemplo de esto son los científicos. No soy biólogo, pero me intereso por el tema. Leo a los que sí saben del tema y así soy una persona razonablemente informada. Si me interesaran otros asuntos diferentes, creo que acudiría a los entendidos en sus respectivos campos. ¡Que para eso están! Yo mismo procuro ser un buen divulgador de lo que me toca. Pero miro a mi alrededor y comprendo que esta no es la actitud habitual. Es mejor y mucho más cómodo dejar que otros piensen por ti. Y es también, lo siento mucho, tremendamente peligroso para la democracia, y provechoso para los poderosos. A ellos les interesa que seamos zombies sin cerebro que puedan manipular a su gusto.
El caso más alucinante, y que me lleva a escribir esto hoy, con la tecla furiosa, es el capítulo de las manifestaciones en la ciudad de Madrid. Llevamos mucho tiempo asistiendo a una guerra de cifras francamente incomprensible, por culpa de unos políticos sin muchos escrúpulos que no dudan en insultar a la inteligencia de todos los españoles. La Comunidad de Madrid de Esperanza Aguirre me asombra cada día con sus despropósitos aritméticos cada vez que su partido apoya o convoca una manifestación popular en las calles de la ciudad. Unas cifras que a veces multiplican por diez los cálculos de otros organismos como la Policía Nacional o la Delegación de Gobierno (tampoco digo que la cifra más baja sea la más desinteresada o la más ajustada a la realidad).
Pero lo que más me asombra es la facilidad de la peña para comulgar con ruedas de molino. Capaces de creerse, por ejemplo, que en una manifestación de las víctimas del terrorismo podía haber ¡40 personas por metro cuadrado! Por suerte tenemos a los chicos del Manifestómetro, que no nos toman por idiotas. Ellos tienen un método objetivo y ponen a disposición de toda la comunidad de Internet sus datos y procedimientos. Pueden equivocarse, pueden tener un método imperfecto, por supuesto. Pero está claro que no nos engañan interesadamente, y la prueba es que, dependiendo del signo político de la manifestación de marras o de las cifras obtenidas, en su blog reciben insultos de unos o de otros. Vamos, que lo mismo les llaman unos “rojos bolcheviques” como otros los tachan de “fachas ultraderechistas”. Y es que siempre hay alguien dispuesto a dejarse engañar tranquilamente. Concluyo: si quieres creer que un partido político ha reunido a 2 millones y medio de personas, al menos exige pruebas, no seas borrego.
La gente, por lo general, es estúpida, y antes que leer un libro o un periódico para tomar posición en un determinado debate, prefiere que se lo den todo mascado y tragar con lo que le echen, sean rosas o estiércol. Alguien me espetará, aludido: “Oye, tú, ¿Para qué sirven los expertos?”. Vaya, pues tiene razón. Cuando a uno le faltan datos o aptitudes para recopilarlos, es sensato acudir al experto. Un buen ejemplo de esto son los científicos. No soy biólogo, pero me intereso por el tema. Leo a los que sí saben del tema y así soy una persona razonablemente informada. Si me interesaran otros asuntos diferentes, creo que acudiría a los entendidos en sus respectivos campos. ¡Que para eso están! Yo mismo procuro ser un buen divulgador de lo que me toca. Pero miro a mi alrededor y comprendo que esta no es la actitud habitual. Es mejor y mucho más cómodo dejar que otros piensen por ti. Y es también, lo siento mucho, tremendamente peligroso para la democracia, y provechoso para los poderosos. A ellos les interesa que seamos zombies sin cerebro que puedan manipular a su gusto.
El caso más alucinante, y que me lleva a escribir esto hoy, con la tecla furiosa, es el capítulo de las manifestaciones en la ciudad de Madrid. Llevamos mucho tiempo asistiendo a una guerra de cifras francamente incomprensible, por culpa de unos políticos sin muchos escrúpulos que no dudan en insultar a la inteligencia de todos los españoles. La Comunidad de Madrid de Esperanza Aguirre me asombra cada día con sus despropósitos aritméticos cada vez que su partido apoya o convoca una manifestación popular en las calles de la ciudad. Unas cifras que a veces multiplican por diez los cálculos de otros organismos como la Policía Nacional o la Delegación de Gobierno (tampoco digo que la cifra más baja sea la más desinteresada o la más ajustada a la realidad).
Pero lo que más me asombra es la facilidad de la peña para comulgar con ruedas de molino. Capaces de creerse, por ejemplo, que en una manifestación de las víctimas del terrorismo podía haber ¡40 personas por metro cuadrado! Por suerte tenemos a los chicos del Manifestómetro, que no nos toman por idiotas. Ellos tienen un método objetivo y ponen a disposición de toda la comunidad de Internet sus datos y procedimientos. Pueden equivocarse, pueden tener un método imperfecto, por supuesto. Pero está claro que no nos engañan interesadamente, y la prueba es que, dependiendo del signo político de la manifestación de marras o de las cifras obtenidas, en su blog reciben insultos de unos o de otros. Vamos, que lo mismo les llaman unos “rojos bolcheviques” como otros los tachan de “fachas ultraderechistas”. Y es que siempre hay alguien dispuesto a dejarse engañar tranquilamente. Concluyo: si quieres creer que un partido político ha reunido a 2 millones y medio de personas, al menos exige pruebas, no seas borrego.
01 marzo 2007
20 febrero 2007
El Hobbit cumple 70 años
Ya han pasado 70 años desde que J.R.R. Tolkien publicara este delicioso cuento de hadas. A mí me gusta mucho más El Hobbit que ESDLA y además creo que tiene más calidad literaria. Es un cuento para niños lleno de fantasía que, al pasar a ESDLA, se transforma en una sinfonía oscura y masiva, llena de emoción. Tal vez eso es lo que más me atrae de la obra de Tolkien: cómo lo sencillo, lo infantil, lo inofensivo, se transforma, por obra del destino, en una historia épica y multitudinaria, y terrible.
Aquí el enlace a la noticia.
Aquí el enlace a la noticia.
11 febrero 2007
Llegó el Dia de Darwin

Mañana lunes se celebra el día de Darwin, 198 aniversario de su nacimiento y 148 aniversario de su gran obra "El Origen de las Especies". En Bilbao vamos a tener una tarde dedicada a la evolución y a los peligros del creacionismo, en la biblioteca de Bidebarrieta. Venga, todos a asistir, que creo que es el único acto conmemorativo de esta fecha que se celebra en España.
27 enero 2007
Todo lo que diga MacGyver
Ya sabéis lo que pasa cuando estáis en una situación desesperada. Hay que hacer lo que os diga MacGyver. Pero todo, todo lo que os diga.
06 diciembre 2006
Gilgamesh en la radio
Esto lo publiqué originalmente en Psicoteca
Os lo cuento desde el principio:
Hace algún tiempo, el periodista científico Antonio Rial, conductor del programa de radio "Cienciópolis" en Radio 5 Todo Noticias (RNE) se puso en contacto conmigo para ver si podía colaborar en algún tema relacionado con la psicología. Finalmente, me hizo una pequeña entrevista de la que ha extractado unos pocos minutillos y eso es lo que se emitirá en antena. ¿Cuándo? Mañana jueves, a eso de las 8,50 (maaala hora, lo sé, que a muchos nos pilla en un merecido puente).
No os preocupéis, que ya estoy intentando grabármelo en mp3 para que lo podáis escuchar, aunque lo cierto es que me tiene un poco perdido ese asunto "técnico" :-/ (admito consejos y sugerencias).
Bueno, pues ya está dado el aviso. Espero que con eso de los nervios no se me haya escapado ninguna tontería durante la entrevista (¡podría pasar!). El tema de la misma es el mismo que toqué en el post "el cerebro de los deprimidos es diferente", en Psicoteca.
No me queda sino agradecer a Antonio Rial esta oportunidad de difundir nuestro conocimiento sobre la psicología. Que sepa que en Psicoteca tenemos más de un colaborador que seguramente se ofrecería con gusto para próximas emisiones.
¡Nos vemos!
Os lo cuento desde el principio:
Hace algún tiempo, el periodista científico Antonio Rial, conductor del programa de radio "Cienciópolis" en Radio 5 Todo Noticias (RNE) se puso en contacto conmigo para ver si podía colaborar en algún tema relacionado con la psicología. Finalmente, me hizo una pequeña entrevista de la que ha extractado unos pocos minutillos y eso es lo que se emitirá en antena. ¿Cuándo? Mañana jueves, a eso de las 8,50 (maaala hora, lo sé, que a muchos nos pilla en un merecido puente).
No os preocupéis, que ya estoy intentando grabármelo en mp3 para que lo podáis escuchar, aunque lo cierto es que me tiene un poco perdido ese asunto "técnico" :-/ (admito consejos y sugerencias).
Bueno, pues ya está dado el aviso. Espero que con eso de los nervios no se me haya escapado ninguna tontería durante la entrevista (¡podría pasar!). El tema de la misma es el mismo que toqué en el post "el cerebro de los deprimidos es diferente", en Psicoteca.
No me queda sino agradecer a Antonio Rial esta oportunidad de difundir nuestro conocimiento sobre la psicología. Que sepa que en Psicoteca tenemos más de un colaborador que seguramente se ofrecería con gusto para próximas emisiones.
¡Nos vemos!
Etiquetas:
ciencia,
divulgación,
psicología
19 noviembre 2006
El tercio de los auténticos
En El Correo Digital tenemos este artículo de Andoni Unzalu Garaidorbil. Como siempre, no digo que lo suscriba al cien por cien, pero a mí me ha hecho reflexionar un poco y quizá debería mover a más de un lector a la misma sana actividad. Por eso lo difundo en este blog:
El tercio de los auténticos
Andoni Unzalu Garaidorbil
Los nacionalismo modernos son conscientes de que no pueden crear el viejo Estado nacional autárquico, son conscientes de que no pueden conseguir la homogeneización de toda la población. Por ello no creen, de verdad, en el viejo Estado nacional, pero sí están buscando, y consiguiendo, un ámbito territorial de control de poder político dentro de las nuevas estructuras estatales europeas y eso es lo que persiguen en la actualidad. Lo que realmente están buscando es la construcción de ducados en el territorio imperial de la Unión Europea.
Hasta hace poco se hablaba de la sociedad de los dos tercios en los países desarrollados; un tercio de marginados y dos que viven en el Estado del bienestar. Me parece a mí que los nacionalismos vasco y catalán están desarrollando en la actualidad la sociedad de los tres tercios. Lógicamente el tercio marginal clásico se mantiene y se crean dos tercios nuevos: los tolerados y los auténticos. Al tercio de los tolerados pertenece un colectivo de ciudadanos que vive relativamente bien, que tiene acceso a los beneficios generales del Estado del bienestar, que en la Administración pueden situarse en los niveles bajos o hacer una modesta carrera administrativa, y en los circuitos económicos pueden beneficiarse de los flecos de las grandes estructuras o ser subsidiarios de éstas y, también, prosperar introduciéndose en las rendijas de la nueva economía no controlada por las estructuras del poder político. Pueden vivir relativamente bien, pero renunciando al acceso al verdadero poder político.
Y queda por fin el tercio de los auténticos, muy beligerante y activo en el ámbito político. Exige exclusividad de la representación pública de la sociedad. Quiere ser la personificación política de toda la sociedad. Son la expresión política única del 'Pueblo Vasco'. En este sentido Ibarretxe hizo una afirmación terrible en el último Aberri Eguna al decir que el PNV era el líder natural del pueblo vasco.
La pretensión de la exclusividad de la representación que el nacionalismo reivindica no se ha criticado suficientemente. Si los nacionalismos aceptaran que representan sólo a los nacionalistas, sean el 10% ó el 80%, casi todos los problemas desaparecen. Pero en la afirmación de que los nacionalistas representan, y sólo ellos, al 'Pueblo Vasco' está el germen del totalitarismo. Al expulsar a los demás de la posibilidad de representar al Pueblo Vasco hacen absolutamente imposible un acuerdo sobre un marco común compartido. Sólo pueden ofrecer, en el mejor de los casos, una tolerancia amable.
Me parece que toda la estrategia nacionalista tiene sólo dos objetivos: 1, que este tercio acapare todo el control político de la sociedad; y 2, blindar el acceso de la población en general a este tercio de los auténticos. De ahí que con la violencia líquida se irán endureciendo los requisitos para acceder a este tercio. Las medidas lingüísticas, por ejemplo -y digo que intentarán endurecer-, no van encaminadas al tercio marginal, aunque algún teatro se hace, ni siquiera al tercio de los tolerados, van exclusivamente dirigidas al ámbito de la representación publica de la sociedad; educación, administración y estructuras políticas y, poco a poco, a las corporaciones económicas colectivas.
Lo voy a decir de forma más cruda. Toda la estrategia del tercio de los auténticos se reduce, hoy y en nuestro país, en esencia, al control del acceso a los puestos de trabajo de calidad. Yo no conozco a ninguno, pero sería interesante hacer un estudio sociológico detallado de qué gente, quiénes son los que acaparan los mejores 50.000 puestos de trabajo existentes en Euskadi. Mucho me temo que los resultados serían de escándalo. El tercio de los auténticos los ha expropiado casi en exclusividad. El ataque a la libertad se produce, especialmente aquí, en la diferencia alarmante de igualdad de oportunidades de los ciudadanos vascos.
Esta división de tres tercios, en la que los auténticos exigen para sí la exclusividad de la representación pública, está generando dos consecuencias perversas: la primera es obviamente la marginación de dos tercios de todo acceso al poder real. Y no vale decir que en todos los casos es igual, que siempre los partidos en el poder intentan monopolizarlo para distribuirlo entre los suyos. Desgraciadamente eso es cierto, pero entre nosotros tiene una diferencia sustancial: el nacionalismo reivindica la superioridad moral de la representación nacionalista. Asesinos hay en todos los países, pero me viene a la memoria una frase de Mario Onaindia: «Vivo en un país en el que el asesinato se reivindica». Lo que hace al asesino mucho más perverso. Lo perverso no es que el nacionalismo intente monopolizar el poder, si sólo fuera eso sería igual de malo que el resto, lo perverso es que reivindican y le dan cobertura política al monopolio nacionalista de forma que lo que sería una sana crítica en otro lado -decir por ejemplo que Zapatero quiere perpetuarse en el poder- aquí genera un debate ideológico.
La otra es graduar la cercanía o alejamiento de la población al tercio de los auténticos. Es en sí misma una trampa perversa en la que, al parecer, todos hemos caído: me siento sólo vasco, me siento más vasco que español, me siento igual de vasco que español. Los que se sienten sólo españoles al parecer se esconden. A mí nunca me han hecho esta pregunta, pero si me la hacen contestaré con exabrupto. Yo no me siento vasco. Yo soy vasco, que es una cosa totalmente diferente. Siendo vasco puedo ser diferente de otros vascos, discrepar. En cambio si me siento vasco estoy obligado a sentir lo mismo que los otros que se sienten vascos, tengo que ser igual.
Pero esta diferenciación de la población ha hecho carrera en la política, hasta tal punto que todo el debate político en Euskadi es únicamente sobre los intereses de los que se sienten sólo vascos o más vascos que españoles, todo el resto, y no es un resto pequeño, no existe en el debate político actual. Y es una enfermedad que ha invadido a todos los partidos, no sólo los nacionalistas. Me dirán, sin duda, que exagero. Pero reflexionen un momento. Hagan un breve listado de los temas que se debaten. Todos ellos están inmersos en el debate identitario, en los sentimiento de pertenencia y su plasmación política. Para el resto de la población estos problemas nada tienen que ver con ellos, bueno, sí, pero sólo en la medida de que los otros han hecho de ello un problema público.
El debate político vasco ha renunciado a ser ágora de los intereses de todos los sectores de Euskadi, centrándose únicamente en los intereses de los que dan relevancia a los problemas identitarios. El tercio de los auténticos es el que impone el orden del día y el calendario en el debate político en Euskadi. Los otros, por lo que se ve, no son capaces de presentar propuestas propias al debate limitándose a participar, criticando, los temas que propone el tercio de los auténticos.
El tercio de los auténticos
Andoni Unzalu Garaidorbil
Los nacionalismo modernos son conscientes de que no pueden crear el viejo Estado nacional autárquico, son conscientes de que no pueden conseguir la homogeneización de toda la población. Por ello no creen, de verdad, en el viejo Estado nacional, pero sí están buscando, y consiguiendo, un ámbito territorial de control de poder político dentro de las nuevas estructuras estatales europeas y eso es lo que persiguen en la actualidad. Lo que realmente están buscando es la construcción de ducados en el territorio imperial de la Unión Europea.
Hasta hace poco se hablaba de la sociedad de los dos tercios en los países desarrollados; un tercio de marginados y dos que viven en el Estado del bienestar. Me parece a mí que los nacionalismos vasco y catalán están desarrollando en la actualidad la sociedad de los tres tercios. Lógicamente el tercio marginal clásico se mantiene y se crean dos tercios nuevos: los tolerados y los auténticos. Al tercio de los tolerados pertenece un colectivo de ciudadanos que vive relativamente bien, que tiene acceso a los beneficios generales del Estado del bienestar, que en la Administración pueden situarse en los niveles bajos o hacer una modesta carrera administrativa, y en los circuitos económicos pueden beneficiarse de los flecos de las grandes estructuras o ser subsidiarios de éstas y, también, prosperar introduciéndose en las rendijas de la nueva economía no controlada por las estructuras del poder político. Pueden vivir relativamente bien, pero renunciando al acceso al verdadero poder político.
Y queda por fin el tercio de los auténticos, muy beligerante y activo en el ámbito político. Exige exclusividad de la representación pública de la sociedad. Quiere ser la personificación política de toda la sociedad. Son la expresión política única del 'Pueblo Vasco'. En este sentido Ibarretxe hizo una afirmación terrible en el último Aberri Eguna al decir que el PNV era el líder natural del pueblo vasco.
La pretensión de la exclusividad de la representación que el nacionalismo reivindica no se ha criticado suficientemente. Si los nacionalismos aceptaran que representan sólo a los nacionalistas, sean el 10% ó el 80%, casi todos los problemas desaparecen. Pero en la afirmación de que los nacionalistas representan, y sólo ellos, al 'Pueblo Vasco' está el germen del totalitarismo. Al expulsar a los demás de la posibilidad de representar al Pueblo Vasco hacen absolutamente imposible un acuerdo sobre un marco común compartido. Sólo pueden ofrecer, en el mejor de los casos, una tolerancia amable.
Me parece que toda la estrategia nacionalista tiene sólo dos objetivos: 1, que este tercio acapare todo el control político de la sociedad; y 2, blindar el acceso de la población en general a este tercio de los auténticos. De ahí que con la violencia líquida se irán endureciendo los requisitos para acceder a este tercio. Las medidas lingüísticas, por ejemplo -y digo que intentarán endurecer-, no van encaminadas al tercio marginal, aunque algún teatro se hace, ni siquiera al tercio de los tolerados, van exclusivamente dirigidas al ámbito de la representación publica de la sociedad; educación, administración y estructuras políticas y, poco a poco, a las corporaciones económicas colectivas.
Lo voy a decir de forma más cruda. Toda la estrategia del tercio de los auténticos se reduce, hoy y en nuestro país, en esencia, al control del acceso a los puestos de trabajo de calidad. Yo no conozco a ninguno, pero sería interesante hacer un estudio sociológico detallado de qué gente, quiénes son los que acaparan los mejores 50.000 puestos de trabajo existentes en Euskadi. Mucho me temo que los resultados serían de escándalo. El tercio de los auténticos los ha expropiado casi en exclusividad. El ataque a la libertad se produce, especialmente aquí, en la diferencia alarmante de igualdad de oportunidades de los ciudadanos vascos.
Esta división de tres tercios, en la que los auténticos exigen para sí la exclusividad de la representación pública, está generando dos consecuencias perversas: la primera es obviamente la marginación de dos tercios de todo acceso al poder real. Y no vale decir que en todos los casos es igual, que siempre los partidos en el poder intentan monopolizarlo para distribuirlo entre los suyos. Desgraciadamente eso es cierto, pero entre nosotros tiene una diferencia sustancial: el nacionalismo reivindica la superioridad moral de la representación nacionalista. Asesinos hay en todos los países, pero me viene a la memoria una frase de Mario Onaindia: «Vivo en un país en el que el asesinato se reivindica». Lo que hace al asesino mucho más perverso. Lo perverso no es que el nacionalismo intente monopolizar el poder, si sólo fuera eso sería igual de malo que el resto, lo perverso es que reivindican y le dan cobertura política al monopolio nacionalista de forma que lo que sería una sana crítica en otro lado -decir por ejemplo que Zapatero quiere perpetuarse en el poder- aquí genera un debate ideológico.
La otra es graduar la cercanía o alejamiento de la población al tercio de los auténticos. Es en sí misma una trampa perversa en la que, al parecer, todos hemos caído: me siento sólo vasco, me siento más vasco que español, me siento igual de vasco que español. Los que se sienten sólo españoles al parecer se esconden. A mí nunca me han hecho esta pregunta, pero si me la hacen contestaré con exabrupto. Yo no me siento vasco. Yo soy vasco, que es una cosa totalmente diferente. Siendo vasco puedo ser diferente de otros vascos, discrepar. En cambio si me siento vasco estoy obligado a sentir lo mismo que los otros que se sienten vascos, tengo que ser igual.
Pero esta diferenciación de la población ha hecho carrera en la política, hasta tal punto que todo el debate político en Euskadi es únicamente sobre los intereses de los que se sienten sólo vascos o más vascos que españoles, todo el resto, y no es un resto pequeño, no existe en el debate político actual. Y es una enfermedad que ha invadido a todos los partidos, no sólo los nacionalistas. Me dirán, sin duda, que exagero. Pero reflexionen un momento. Hagan un breve listado de los temas que se debaten. Todos ellos están inmersos en el debate identitario, en los sentimiento de pertenencia y su plasmación política. Para el resto de la población estos problemas nada tienen que ver con ellos, bueno, sí, pero sólo en la medida de que los otros han hecho de ello un problema público.
El debate político vasco ha renunciado a ser ágora de los intereses de todos los sectores de Euskadi, centrándose únicamente en los intereses de los que dan relevancia a los problemas identitarios. El tercio de los auténticos es el que impone el orden del día y el calendario en el debate político en Euskadi. Los otros, por lo que se ve, no son capaces de presentar propuestas propias al debate limitándose a participar, criticando, los temas que propone el tercio de los auténticos.
04 noviembre 2006
Los hipócritas del “botellón”
Dada mi condición de abstemio total, poco puedo hacer en rebeldía ante la reciente ordenanza del ayuntamiento de Bilbao que prohíbe la práctica de ese llamado “botellón” en la ciudad. Llevo toda la vida en la calle con mis amigos (ellos se toman sus cacharros, yo me tomo mi refresco o mis zumos) y sé de qué va el rollo. En una ciudad donde las copas están carísimas y los bares cierran cada vez antes (ya sólo quedan abiertos a partir de cierta hora las escasas discotecas y otros locales, o masificados o “conflictivos”, o ambas cosas), lo de comprarte la bebida y los aperitivos en el supermercado y pasar la tarde-noche en la calle con tus colegas es la única opción viable para la economía juvenil. Cuando el fenómeno empezó a hacerse conocido entre los mayores y empezaron a poner esas imágenes escalofriantes en los telediarios, yo me sorprendía bastante: en mi ciudad no solían organizarse, salvo fiestas populares, esas multitudes de peña mamada hasta las cejas. No me hace mucha gracia la idea de tanta gente reunida dando guerra hasta horas avanzadas, ni me parece cívico ni educado, y por eso prefiero el modelo anterior, el que hemos vivido muchos. Pandillas pequeñas reunidas en algún sitio discreto, sin hacer excesivo ruido y a ser posible recogiendo toda la suciedad, antes de irse a los bares a consumir poco, lo que permita el bolsillo. A eso no le veo pegas.
Pero en esas estamos cuando llegan los del ayuntamiento y deciden que van a luchar contra el alcoholismo juvenil. Fíjense bien, el alcoholismo juvenil. Vaya tela. Estamos en una ciudad donde se hace apología feliz del alcoholismo desde las mismísimas instituciones. ¿O qué se creen que son los famosos “txikiteros”? ¡Una pandilla de viejos que hacen del bebercio y del athletic su forma de vida! Así que tiene su mérito eso de predicar las bondades de la vida sana y sin alcohol para la juventud mientras a la vez se aclama a un anciano con riñones de teflón que tiene que hacer esfuerzos para soportar el peso de su propia txapela mientras entona la de “puente de Portugalete”, inundando a medio bar con un alientazo asqueroso a vinacho del malo. Tiene su mérito. No todo el mundo puede ser así de caradura. Y encima la apología alcohólica no se reduce a los viejos del casco anciano, digo a los ancianos del casco viejo. En cuanto llegan las fiestas del pueblo, no hay más que echar un vistazo a los programas de la TV local para epatarse ante las cabriolas etílicas de cientos de niños que no llegan a los 15 años. Borrachos infantiles, sí, pero legales. O con la vista gorda del que debería hacer cumplir la ley pero se la suda ante las cosas de la tradición (a los nacionalistas se les suele hacer el culo de coca-cola con eso de la tradición). Hipocresía, como digo.
Pero es que ni siquiera la hipocresía la disimulan bien. Se nota a la legua que la motivación del ayuntamiento al actuar contra el bebercio juvenil no es ni mucho menos una cuestión de salud. Ni de coña. Fíjense, si no, en la “portentosa” definición del fenómeno “botellonil” que se han marcado desde el consistorio:
“...Aquellos grupos de personas que consuman bebidas, preferentemente alcohólicas, no procedentes de locales de hostelería, en la calle o en espacios públicos”.
Caramba, mira por dónde salta la liebre. Lo primero, bebidas “preferentemente alcohólicas”. O sea, que si me pillan en la calle con mi Fanta limón, me pueden cascar una multa. Curioso. Y esto, por la salud juvenil. Será que el azúcar y los colorantes te hacen polvo el hígado, a la larga. Sigo con la definición: “...no procedentes de locales de hostelería”. Esto es el colmo de la hipocresía. En este país y en esta ciudad se lleva lo de tomar potes de bar en bar, y sacarlos a la calle. Una tradición, como digo, algo casi sagrado para estos gobernantes nuestros. Así que si te sacas un vinillo o un vodka de garrafón que te ha costado dos riñones, uno metafórico (por el precio que te han cascado) y otro real (por la ínfima calidad del susodicho garrafón), o si me saco yo mi Fanta de antes, pero comprada en el muy respetable local hostelero a un precio que sextuplica al del supermercado (40 céntimos frente a 2,5 euros, señores), si haces cualquiera de estas cosas, estás cumpliendo con la ley. Y si encima llevas la racial boina y entonas los cánticos correspondientes, cumplirás también con la intocable tradición. Y esto por la salud juvenil, ¿eh? ¡Venga ya!
Imagino también que si uno compra la bebida en el bar y la saca legalmente a la calle, automáticamente no meterá ruido ni molestará a los vecinos, ni ensuciará, ni se meará en los portales, y sobre todo NO MERMARÁ SU SALUD. ¡Qué malo es para tu salud, jovenzuelo, tomarte un refresco sin alcohol comprado en el supermercado! Si un borrachín se va a potar en una esquina, supongo que sólo ensuciará en el caso de tratarse de deleznable bebida de supermercado. Será que si bebes producto de calidad, de hostelería con label del departamento de sanidad y todo, tus vomitonas olerán a flores y al tocar el suelo se convertirán en agua de colonia.
Y todo este pitote sólo por tener contentos a los hosteleros bilbaínos que, ahora que somos ciudad europea y destino turístico, se han vuelto doblemente valiosos para el ayuntamiento. Pues si es eso, que lo digan claro, y dejen de hacer el tonto, que no engañan a nadie. Que salga Azkuna y nos diga a todos los bilbaínos: “Miren señores, pues va a ser que vamos a prohibir la venta de bebidas alcohólicas, o mejor, de las bebidas en general, fuera de los locales hosteleros, que las cobrarán como les salga de los cojones, y de paso prohibimos fumar incluso en la calle, salvo en los locales hosteleros, que por cierto tendrán derecho a cobrar una entrada y sólo servirán txakolí local, por eso del folklore y del pueblo. Y sí, que a mí también me jode, pero hay que sacrificarse por construir esta nación que es EuskalHerría. Y quien no lo acepte, no es un vasco de verdad”. Y tan felices todos.
Hipócritas, hipócritas.
Pero en esas estamos cuando llegan los del ayuntamiento y deciden que van a luchar contra el alcoholismo juvenil. Fíjense bien, el alcoholismo juvenil. Vaya tela. Estamos en una ciudad donde se hace apología feliz del alcoholismo desde las mismísimas instituciones. ¿O qué se creen que son los famosos “txikiteros”? ¡Una pandilla de viejos que hacen del bebercio y del athletic su forma de vida! Así que tiene su mérito eso de predicar las bondades de la vida sana y sin alcohol para la juventud mientras a la vez se aclama a un anciano con riñones de teflón que tiene que hacer esfuerzos para soportar el peso de su propia txapela mientras entona la de “puente de Portugalete”, inundando a medio bar con un alientazo asqueroso a vinacho del malo. Tiene su mérito. No todo el mundo puede ser así de caradura. Y encima la apología alcohólica no se reduce a los viejos del casco anciano, digo a los ancianos del casco viejo. En cuanto llegan las fiestas del pueblo, no hay más que echar un vistazo a los programas de la TV local para epatarse ante las cabriolas etílicas de cientos de niños que no llegan a los 15 años. Borrachos infantiles, sí, pero legales. O con la vista gorda del que debería hacer cumplir la ley pero se la suda ante las cosas de la tradición (a los nacionalistas se les suele hacer el culo de coca-cola con eso de la tradición). Hipocresía, como digo.
Pero es que ni siquiera la hipocresía la disimulan bien. Se nota a la legua que la motivación del ayuntamiento al actuar contra el bebercio juvenil no es ni mucho menos una cuestión de salud. Ni de coña. Fíjense, si no, en la “portentosa” definición del fenómeno “botellonil” que se han marcado desde el consistorio:
“...Aquellos grupos de personas que consuman bebidas, preferentemente alcohólicas, no procedentes de locales de hostelería, en la calle o en espacios públicos”.
Caramba, mira por dónde salta la liebre. Lo primero, bebidas “preferentemente alcohólicas”. O sea, que si me pillan en la calle con mi Fanta limón, me pueden cascar una multa. Curioso. Y esto, por la salud juvenil. Será que el azúcar y los colorantes te hacen polvo el hígado, a la larga. Sigo con la definición: “...no procedentes de locales de hostelería”. Esto es el colmo de la hipocresía. En este país y en esta ciudad se lleva lo de tomar potes de bar en bar, y sacarlos a la calle. Una tradición, como digo, algo casi sagrado para estos gobernantes nuestros. Así que si te sacas un vinillo o un vodka de garrafón que te ha costado dos riñones, uno metafórico (por el precio que te han cascado) y otro real (por la ínfima calidad del susodicho garrafón), o si me saco yo mi Fanta de antes, pero comprada en el muy respetable local hostelero a un precio que sextuplica al del supermercado (40 céntimos frente a 2,5 euros, señores), si haces cualquiera de estas cosas, estás cumpliendo con la ley. Y si encima llevas la racial boina y entonas los cánticos correspondientes, cumplirás también con la intocable tradición. Y esto por la salud juvenil, ¿eh? ¡Venga ya!
Imagino también que si uno compra la bebida en el bar y la saca legalmente a la calle, automáticamente no meterá ruido ni molestará a los vecinos, ni ensuciará, ni se meará en los portales, y sobre todo NO MERMARÁ SU SALUD. ¡Qué malo es para tu salud, jovenzuelo, tomarte un refresco sin alcohol comprado en el supermercado! Si un borrachín se va a potar en una esquina, supongo que sólo ensuciará en el caso de tratarse de deleznable bebida de supermercado. Será que si bebes producto de calidad, de hostelería con label del departamento de sanidad y todo, tus vomitonas olerán a flores y al tocar el suelo se convertirán en agua de colonia.
Y todo este pitote sólo por tener contentos a los hosteleros bilbaínos que, ahora que somos ciudad europea y destino turístico, se han vuelto doblemente valiosos para el ayuntamiento. Pues si es eso, que lo digan claro, y dejen de hacer el tonto, que no engañan a nadie. Que salga Azkuna y nos diga a todos los bilbaínos: “Miren señores, pues va a ser que vamos a prohibir la venta de bebidas alcohólicas, o mejor, de las bebidas en general, fuera de los locales hosteleros, que las cobrarán como les salga de los cojones, y de paso prohibimos fumar incluso en la calle, salvo en los locales hosteleros, que por cierto tendrán derecho a cobrar una entrada y sólo servirán txakolí local, por eso del folklore y del pueblo. Y sí, que a mí también me jode, pero hay que sacrificarse por construir esta nación que es EuskalHerría. Y quien no lo acepte, no es un vasco de verdad”. Y tan felices todos.
Hipócritas, hipócritas.
27 octubre 2006
Psicoteca fracasa
Todos pasamos altibajos en esto del blogueo, pero hay proyectos que llevan consigo una responsabilidad ineludible que hace que haya que darlos por fracasados al no cumplir algún requisito. Me temo que esa situación se aplica a Psicoteca.
Mi último post en el blog Psicoteca:
Predicando en el desierto
Perdonadme este prolijo desahogo, pero los últimos acontecimientos me indican que ha llegado el momento de hacer una confesión.
...Como predicando en el desierto. Así nos hemos sentido los colaboradores de esta web en los últimos tiempos. En mi caso particular, mi pasión por la divulgación (y mi agenda no totalmente ahogada, todavía) me permiten el lujo de no sentirme excesivamente mal por ello. Yo escribo, me entretengo, disfruto con ello. Y aunque mi objetivo principal, no lo niego, es que otros me lean, tal vez para iniciar un debate de interés (eso me encantaría), me conformo con poca cosa. Quiero decir que nunca me han obsesionado las visitas, los comentarios...
Sin embargo, no hay que ser muy sagaz para observar las telarañas que le salen a los posts de Psicoteca desde que son publicados. Es un poco triste que siempre estemos los mismos por aquí. Quiero decir que, para discutir sobre psicología con Oskar Pineño y David Luque, no me hace falta currarme una entrada en el blog (su trabajo lleva): me basta con echar mano del e-mail o del teléfono.
Esta situación ha llevado a uno de nuestros pocos participantes, y además uno de los que significan mucho para mí, a abandonar la web por puro hastío. Me lo acaba de comunicar por e-mail. Y eso me apena mucho.
No puedo decir que no le comprenda. Al fin y al cabo, ¿qué es una bitácora sin visitas? En blogs de índole más personal, o los que funcionan como diarios, las visitas y comentarios no son realmente importantes: se supone que uno escribe como vía de desahogo o por las razones que sean, pensando en uno mismo o a lo sumo en sus amigos y conocidos, y quedando el resto de los visitantes en un segundo plano. Pero un blog temático, y más si es divulgativo, es otra cosa. Abrimos Psicoteca como una ventana a la psicología científica, que alarmantemente está casi ausente en la red (o bien es ignorada, o bien es tratada sin rigor), nos interesaba dar a conocer las cosas que sabemos de una manera nada sensacionalista y sí muy cercana y fácil de comprender. Es un empeño que creo nada ambicioso y sí muy generoso. Ahora bien, decidme, si nadie la visita ni aprende con ella, ¿se puede saber qué utilidad tiene una web divulgativa? No hablo de una web personal, o de un diario. Pretendemos crear debate, interesar a la gente para que se haga preguntas y piense, y en vez de eso conseguimos... nada.
Basta echar un vistazo a las estadísticas de la página para comprobar el tipo de visitante que tenemos en Psicoteca: un visitante despistado. Sí, así es. Salvo honrosísimas excepciones, la gente llega a nuestra web después de haber realizado, por ejemplo, una búsqueda poco hábil en Google. Así es como un estudiante que busca información sobre la Drosophila o sobre psicoanálisis entra dando botes en nuestro pequeño blog. Y tras descubrir que no tenemos lo que necesita, lo cual ocurre en pocos segundos, desaparece para siempre sin dejar ni rastro (bueno, sí, el rastro que registra el StatCounter). También nos visitan, me consta, psicólogos (tanto en ciernes como licenciados) y gente interesada por la psicología. Pero los datos no mienten: estas personas tampoco llegan a engancharse tanto como para dejar un minúsculo comentario, hacer alguna pregunta, y no digamos repetir la visita. Cosas muy feas las que uno deduce de los contadores de estadísticas. Por ejemplo, que como proyecto divulgativo, pese a nuestros esfuerzos, estamos resultando un fracaso con todas las letras.
Lo más triste de todo, con diferencia, es que si hubiésemos tomado un enfoque no científico de la psicología, como el psicoanálisis, o incluso si nos hubiésemos lanzado de cabeza a la piscina de la pseudociencia, con artículos sobre curación con gemas, astrología, etc., tendríamos muchísimas más visitas, nos leería más gente y engancharíamos más público interesado en esta “psicología” alternativa de pacotilla. No lo dudo ni por un momento. Es la condición científica de la psicología la que parece ser dudosa, aburrida, poco interesante... Incluso como para meterse sobre ella.
Y esto es culpa, en su mayor parte, de los propios psicólogos científicos, que nunca se preocupan por divulgar sus conocimientos. ¿Cuántos buenos divulgadores hay en psicología? Me viene a la cabeza Pinker y alguno más. No tenemos un S. J. Gould, o un Dawkins, o un Sagan que arrastre las masas. En vez de preocuparnos por el tema, le quitamos importancia y ni siquiera nos molestamos en apoyar iniciativas divulgativas como Psicoteca. Es curiosa la conclusión que extraigo: los psicólogos le dan una importancia tremenda a la investigación aplicada, un poquito menos a la básica, y desdeñan la divulgación. Supongo que considerarán que es poco meritoria, un trabajo más de periodistas que de expertos especialistas. ¿Será verdad? Decía que es curioso porque, en mi opinión, NADA hay más difícil que ser un buen divulgador. Hace falta ser un GRAN científico para divulgar como es debido y tener éxito en esta faceta de la actividad científica. Porque de eso se trata, divulgar TAMBIÉN es una actividad científica. Y es MUY importante.
Pero en fin, parece que la excusa siempre es la misma: la dichosa falta de tiempo. Últimamente, y esto ya es un detalle autobiográfico, el recurso a esta excusa, o más bien el abuso de esta excusa, me está sacando de quicio. Parece que nadie tiene tiempo para las cosas que creo más importantes. Y como postear en Psicoteca no cuenta en el currículum, es una pérdida de tiempo dedicar 5 minutos a leerla, claro. Mientras no entremos en el ISI...
Sólo espero que este post sí que lo lea alguien. Yo todavía seguiré al pie del cañón, en mi condición de pipiolo doctorando todavía conservo la ilusión, y el acto de escribir sobre estas cosas me reporta aún beneficios independientemente de cuánta gente me lea o cuánto pueda repercutir mi artículo, ya digo que me basta con el comentario aprobatorio de mis amigos de turno (¡todo un reto!). Pero sé que un día también me cansaré y seré otro científico (y eso con suerte) subidito en su torre de marfil sin querer compartir su conocimiento con los pobres desgraciados que viven abajo. Caminamos hacia el analfabetismo científico y nos importa un huevo. Con perdón.
Mi último post en el blog Psicoteca:
Predicando en el desierto
Perdonadme este prolijo desahogo, pero los últimos acontecimientos me indican que ha llegado el momento de hacer una confesión.
...Como predicando en el desierto. Así nos hemos sentido los colaboradores de esta web en los últimos tiempos. En mi caso particular, mi pasión por la divulgación (y mi agenda no totalmente ahogada, todavía) me permiten el lujo de no sentirme excesivamente mal por ello. Yo escribo, me entretengo, disfruto con ello. Y aunque mi objetivo principal, no lo niego, es que otros me lean, tal vez para iniciar un debate de interés (eso me encantaría), me conformo con poca cosa. Quiero decir que nunca me han obsesionado las visitas, los comentarios...
Sin embargo, no hay que ser muy sagaz para observar las telarañas que le salen a los posts de Psicoteca desde que son publicados. Es un poco triste que siempre estemos los mismos por aquí. Quiero decir que, para discutir sobre psicología con Oskar Pineño y David Luque, no me hace falta currarme una entrada en el blog (su trabajo lleva): me basta con echar mano del e-mail o del teléfono.
Esta situación ha llevado a uno de nuestros pocos participantes, y además uno de los que significan mucho para mí, a abandonar la web por puro hastío. Me lo acaba de comunicar por e-mail. Y eso me apena mucho.
No puedo decir que no le comprenda. Al fin y al cabo, ¿qué es una bitácora sin visitas? En blogs de índole más personal, o los que funcionan como diarios, las visitas y comentarios no son realmente importantes: se supone que uno escribe como vía de desahogo o por las razones que sean, pensando en uno mismo o a lo sumo en sus amigos y conocidos, y quedando el resto de los visitantes en un segundo plano. Pero un blog temático, y más si es divulgativo, es otra cosa. Abrimos Psicoteca como una ventana a la psicología científica, que alarmantemente está casi ausente en la red (o bien es ignorada, o bien es tratada sin rigor), nos interesaba dar a conocer las cosas que sabemos de una manera nada sensacionalista y sí muy cercana y fácil de comprender. Es un empeño que creo nada ambicioso y sí muy generoso. Ahora bien, decidme, si nadie la visita ni aprende con ella, ¿se puede saber qué utilidad tiene una web divulgativa? No hablo de una web personal, o de un diario. Pretendemos crear debate, interesar a la gente para que se haga preguntas y piense, y en vez de eso conseguimos... nada.
Basta echar un vistazo a las estadísticas de la página para comprobar el tipo de visitante que tenemos en Psicoteca: un visitante despistado. Sí, así es. Salvo honrosísimas excepciones, la gente llega a nuestra web después de haber realizado, por ejemplo, una búsqueda poco hábil en Google. Así es como un estudiante que busca información sobre la Drosophila o sobre psicoanálisis entra dando botes en nuestro pequeño blog. Y tras descubrir que no tenemos lo que necesita, lo cual ocurre en pocos segundos, desaparece para siempre sin dejar ni rastro (bueno, sí, el rastro que registra el StatCounter). También nos visitan, me consta, psicólogos (tanto en ciernes como licenciados) y gente interesada por la psicología. Pero los datos no mienten: estas personas tampoco llegan a engancharse tanto como para dejar un minúsculo comentario, hacer alguna pregunta, y no digamos repetir la visita. Cosas muy feas las que uno deduce de los contadores de estadísticas. Por ejemplo, que como proyecto divulgativo, pese a nuestros esfuerzos, estamos resultando un fracaso con todas las letras.
Lo más triste de todo, con diferencia, es que si hubiésemos tomado un enfoque no científico de la psicología, como el psicoanálisis, o incluso si nos hubiésemos lanzado de cabeza a la piscina de la pseudociencia, con artículos sobre curación con gemas, astrología, etc., tendríamos muchísimas más visitas, nos leería más gente y engancharíamos más público interesado en esta “psicología” alternativa de pacotilla. No lo dudo ni por un momento. Es la condición científica de la psicología la que parece ser dudosa, aburrida, poco interesante... Incluso como para meterse sobre ella.
Y esto es culpa, en su mayor parte, de los propios psicólogos científicos, que nunca se preocupan por divulgar sus conocimientos. ¿Cuántos buenos divulgadores hay en psicología? Me viene a la cabeza Pinker y alguno más. No tenemos un S. J. Gould, o un Dawkins, o un Sagan que arrastre las masas. En vez de preocuparnos por el tema, le quitamos importancia y ni siquiera nos molestamos en apoyar iniciativas divulgativas como Psicoteca. Es curiosa la conclusión que extraigo: los psicólogos le dan una importancia tremenda a la investigación aplicada, un poquito menos a la básica, y desdeñan la divulgación. Supongo que considerarán que es poco meritoria, un trabajo más de periodistas que de expertos especialistas. ¿Será verdad? Decía que es curioso porque, en mi opinión, NADA hay más difícil que ser un buen divulgador. Hace falta ser un GRAN científico para divulgar como es debido y tener éxito en esta faceta de la actividad científica. Porque de eso se trata, divulgar TAMBIÉN es una actividad científica. Y es MUY importante.
Pero en fin, parece que la excusa siempre es la misma: la dichosa falta de tiempo. Últimamente, y esto ya es un detalle autobiográfico, el recurso a esta excusa, o más bien el abuso de esta excusa, me está sacando de quicio. Parece que nadie tiene tiempo para las cosas que creo más importantes. Y como postear en Psicoteca no cuenta en el currículum, es una pérdida de tiempo dedicar 5 minutos a leerla, claro. Mientras no entremos en el ISI...
Sólo espero que este post sí que lo lea alguien. Yo todavía seguiré al pie del cañón, en mi condición de pipiolo doctorando todavía conservo la ilusión, y el acto de escribir sobre estas cosas me reporta aún beneficios independientemente de cuánta gente me lea o cuánto pueda repercutir mi artículo, ya digo que me basta con el comentario aprobatorio de mis amigos de turno (¡todo un reto!). Pero sé que un día también me cansaré y seré otro científico (y eso con suerte) subidito en su torre de marfil sin querer compartir su conocimiento con los pobres desgraciados que viven abajo. Caminamos hacia el analfabetismo científico y nos importa un huevo. Con perdón.
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